Cardenio y el humor entre pasiones liberadas

| BUENOS AIRES |

Las guitarras sonaban en el palco izquierdo integrado a la representación, cuando se presentó Arturo Bonín para introducirnos a la pieza teatral perdida de John Fletcher y William Shakespeare, Cardenio, la misma se remonta al año 1613, siendo fruto de territorios enemigos : Inglaterra y España en el siglo XVII.

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¿Cómo es que la novela de personajes cervantinos llegó hasta dicha isla europea, para inspirar la producción de este spin-off en términos contemporáneos?

El misterio de cómo terminó el Don Quijote de la Mancha (1605) de Miguel de Cervantes, en las manos de los dramaturgos ingleses, se exhibe hábilmente en el escenario, configurado por cuatro paneles y un arco con la contraposición de dos retratos situados en cada una de sus columnas. Uno, del dramaturgo español que ha hablado sobre la locura como escape de la realidad y el otro de Shakespeare, quien ha construido un sentido épico entorno a lo trágico y la liberación de los instintos pasionales.

Si bien la obra fue creada durante el reinado de Jacobo I, los especialistas incluyen este periodo dentro de la era isabelina. Por eso mismo, Cardenio (adaptada y dirigida por Patricio Orozco) es capaz de mantener vivo al teatro isabelino en la actualidad, a través de ciertos elementos que operan en la puesta en escena. Por un lado, los músicos en la planta más alta y por otro, la transparencia de su condición teatral y ficcionaria, lo cual se observa en la escenografía construida con objetos rudimentarios: en este universo se  sitúa la acción y los personajes que interpelan al espectador, entre líneas y paralelismos con situaciones contemporáneas, de tal manera se termina construyendo “el teatro dentro del teatro”.

Este diálogo con el público como rasgo compositivo, nos recuerda al teatro dialéctico del dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht y su afán en el distanciamiento irónico.

Así es como se nos presenta está tragicomedia de aventuras impuestas por el poder y la vehemencia, lleva a los personajes a tomar decisiones motivadas por un anhelo romántico y por las pasiones del amor, la venganza y la obsesión.

Cuatro personajes que entrecruzan su camino en la búsqueda del objeto de su deseo y el sufrimiento ante la posible pérdida de su amante, para llegar finalmente al rescate de aquel “final feliz”.

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Cardenio (Felipe Colombo), el joven campesino enamorado de Lucinda (Ariadna Asturzzi), está a punto de pedir su mano cuando las ambiciones de sus respectivos padres (Ernesto Larrese y Marcos Woinski) y la obsesión de Don Fernando (Talo Silveyra), terminan separando a la pareja. Cardenio va a servir al Duque Ricardo (Arturo Bonín), mientras que Don Fernando pide la mano de Lucinda.

Tras enterarse de la traición de su amigo, el protagonista emprende un viaje en busca de la joven. Allí se verá envuelto en diversas desventuras con una mujer transvestida llamada Dorotea (Mercedes Lambre), quien fue la prometida de Don Fernando y que ahora desea encontrar explicaciones sobre su repentina falta de interés.

A lo largo de la historia se van desarrollando estas peripecias llevadas a cabo con humor y personalidades estereotipadas, logrando cautivarnos durante aquellos 70 minutos de duración.

Ficha técnica:

Elenco: Arturo Bonín, Felipe Colombo, Talo Silveyra, Pablo Mariuzzi, Florencio Laborda, Mercedes Lambre, Ariadna Asturzzi, Ernesto Larresse, Agustín Maradei, Marcos Woinski y Mariano Porras

Adaptación y Dirección: Patricio Orozco

Dirección Musical: Héctor Romero

Realización de Escenografía: Rosa Cohen

Vestuario: Mini Zuccheri

Producción: Manuel Burak

Fotografía: Tadeo Jones

Camila Stehling

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