Crítica: Cuando el bosque se nos venga encima

Esta semana tuve el agrado de comenzar a formar parte de este equipo viendo Cuando el bosque se nos venga encima, una adaptación de El Pato Salvaje de Henrik Ibsen dirigida por Roberto Peloni. La primera reseña que tengo el gusto de compartir con todos ustedes. Una obra intensa, cargada de emociones que nos interpela a replantearnos la exigencia de los ideales. ¿Cuándo la mentira es la verdad?

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Desde el momento que se ingresa al teatro se siente en el ambiente que la premisa de la función es mantener una constante tensión durante la mayor cantidad de tiempo posible. Mientras el público toma asiento, una música gutural acompaña al espectador a su lugar. Los actores, todos distribuidos por el escenario, que se encontraría completamente a oscuras de no ser por ese cuadrado lineal de luz azul que había en el piso, aguardan pacientemente que el último espectador tome asiento para dar comienzo a la obra. Ellos también son parte del ambiente y la tensión que emana de su respiración y de la mirada perdida en algún punto fijo del medio de la sala, ambiente que se corta cuando la luz se enciende y entran en acción los personajes.

Basta con leer el programa entregado en mano o la sinopsis brindada para comenzar a hacerse una idea de cómo va a finalizar la obra. No hace falta conocer la obra original de Ibsen para imaginar que el desenlace será fatal. Sin embargo, no es la intuición de lo que el final depara un aliciente que impida compenetrarse con la historia desarrollada. La escenografía, completamente minimalista, consiste únicamente en ese cuadrado de luces desplegado en el suelo. En su funcionalidad geométrica, el cuadrado indica el adentro y el afuera, ya sea de la casa de Hjalmar como también de los distintos estados de ánimo que atraviesan los personajes a lo largo de la función.

En cuanto a su funcionalidad lumínica, el cuadrado es fundamental para acentuar dichos estados de ánimo. Pocas veces, literalmente, se ve un azul tan triste o un rojo tan furioso en escena para completar un cuadro lumínico actoral tan equilibrado. Es que el libreto inclusive pide cierta austeridad y hace de ella una necesidad: ni los extensos bosques donde se desarrolló el fraude inicial que generó la decadencia del teniente Ekdal, ni la inmensa fortuna del director Werle son tan grandes como los conceptos que recalca la obra, logrando que la tensión inicial, sumada a la escenográfica, se torne por momentos difícil de tolerar pero, aun así, logra que uno, ya comprometido del todo con la obra, ansíe saber cómo sigue todo, qué sucederá en la próxima escena. Esta tensión, exacerbada por la dicotomía entre la mentira vital que nos permite vivir felices y la exigencia de los ideales que harían de la más amarga verdad que el espíritu se engrandezca, consigue que eso que se nos dice de entrada, el desenlace fatal, nos agarre por sorpresa.

En cuanto a las actuaciones es menester decir que si bien en las primeras escenas parecían estar un poco acartonadas, con el transcurso de la función los actores van creciendo en expresividad y emotividad de una manera casi imperceptible, pudiéndose utilizar como parámetro el ingreso de cada nuevo personaje a la obra como potenciadores de los que ya estaban en plena escena. Los actores consiguen que sintamos empatía por ellos como también rechazo y desprecio. Es curioso que tratándose de un drama, en ciertas escenas, que abordadas con magistral naturalidad ya, hayan logrado arrancarle un bosquejo de risa al público.

Realmente es imposible ir a ver Cuando el bosque se nos venga encima sin sentirnos interpelados a continuar viviendo cómodamente en nuestra “mentira vital” o salir a vivir bajo la “exigencia de los ideales” en búsqueda de la verdad por la verdad, sin que importen mucho las consecuencias que esto pueda desencadenar. Y si una obra nos hace reflexionar sobre nuestra existencia gracias a una muy buena combinación de variables como la actuación y la escenografía aplicadas a un bello libreto, desde ya que se recomienda para ir a verla.

Ficha técnica:

Autoría: Henrik Ibsen
Versión: Roberto Peloni
Actúan: Jorge Almada, Ayelen Barreiro, Enrique Cragnolino, Tania Marioni, Gustavo Masó, Roberto Peloni, Facundo Rubiño
Diseño de luces: David Seldes
Música: Ana Victoria De Vincentiis
Stage Manager: Nicolás Conde
Operación técnica: Max Pastorelli
Asistencia general: Emanuel Solis, Santiago Uriarte
Asistencia de dirección: Carina Torre
Prensa: Mbocciarp, Marcelo Boccia, Ariel Zappone
Producción ejecutiva: Natalia Eugenio
Coaching actoral: Agustín Perez Costa
Dirección: Roberto Peloni

Funciones: lunes a las 21:00 hs hasta el 28/11/2016 en el Teatro BORDER (Godoy Cruz 1838, CABA)

Emmanuel Balbuena

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