Crítica: El Pacto

| BUENOS AIRES |

Comienzo esta reseña de El Pacto y se me hace inevitable relacionar la obra con el whisky que nos han servido amablemente en la entrada antes de la función, aquella bebida se asemeja a ese trago fuerte que es la obra protagonizada por Pedro Velázquez y Leandro Bassano. Un recuerdo nos viene a relatar una estremecedora historia de pasión, obsesión y un crimen en consecuencia de una enfermiza relación.

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1958. Cárcel de Joliet, Illinois. Nathan Leopold, un presidiario de 54 años se enfrenta a una junta que evalúa la posibilidad de dejarlo en libertad condicional. Varias décadas atrás, él y Richard Loeb, siendo adolescentes, cometieron lo que la prensa llamó “el crimen del siglo”. Juntos secuestraron y asesinaron a un niño de 14 años por el supuesto hecho de demostrar ser unos verdaderos superhombres, seres más allá de la moral. La junta evaluadora le pide a Nathan que para considerar su caso, él antes deberá confesar el verdadero sentido detrás del crimen perpetrado, la causa oculta que nunca se ha podido develar. Nathan, ansioso por recuperar su libertad, por primera vez en su vida abre sus recuerdos y cuenta la tormentosa relación que ambos asesinos mantuvieron en su juventud, un verdadero vínculo de pasión, manipulación, dominación y muerte. Al final de la jornada, la revelación de Nathan será tan asombrosa como inesperada…

La historia es contada a través de un recuerdo, Nathan mientras se encuentra parado sobre un tribunal comienza a relatar los hechos de eso que la corte y la sociedad llaman “el crimen del siglo”, la idea de este encuentro es que el acusado pueda ahondar en profundidad en los motivos por el cual llegó a tal acto criminal, sabiendo que existe otra persona involucrada en los hechos y que la relación con esta fue clave para que todo sucediera. En ese flashback aparece Richard un joven aspirante a abogado que mantiene una relación particular con Nathan, es una persona que se demuestra egoísta y desinteresado, pero que aun así tiene al otro chico a sus pies, que es capaz de hacer todo lo posible por retenerlo a su lado. Desde ese punto parte el sentido de la historia, Richard que es un amante de lo temerario necesita a Nathan para realizar sus fechorías, por ello deciden firmar un pacto, cada uno estará a la merced del otro sin importar las cosas que decidan hacer, al fin y al cabo ambos se necesitan aunque no sea con el mismo objetivo.

Los crímenes realizados por esta pareja llegan a su punto límite cuando Richard plantea la necesidad de cometer un asesinato, este hecho resulta un quiebre en la relación de ambos y es de gran impacto en el público, gran testigo de un homicidio efectuado por una sola razón, el placer.

La puesta resulta de lo más interesante por muchos aspectos, primero por la relación de sus protagonistas que aunque desde un principio se denote que Richard posee desequilibrios mentales por su necesidad temeraria y crea ser un hombre superior, es más preocupante la situación de Nathan, a raíz de su obsesión ha sido capaz de sobrepasar cualquier límite por el único hecho de retener al hombre que quiere a su lado. Ambas personalidades se encuentran bien planteadas, mostrando el pensamiento de Nathan expuesto con la necesidad de que el público logre comprender sus motivos al finalizar la obra.

La historia del crimen es un tema aparte, más allá de la relación enfermiza que estos muchachos llevan, el instante en el que se está por realizar la ejecución de un niño sin una razón específica resulta uno de los momentos más impactantes de la obra. Los personajes, el clima y la música se alinean para dar paso al hecho más trascendental del relato, donde no falta el suspense y los aspectos característicos de un thriller manejado con absoluta excelencia. Aunque desde un principio tengamos una idea formada sobre su desenlace, debido a su estructura en la forma de contar la historia, su resolución no se queda sin el efecto sorpresa que ha tenido el resto de la puesta y vuelve donde comenzó todo para darle un reflexico y perfecto final.

En cuanto a las actuaciones, no queda más que felicitar a los dos intérpretes que se han cargado semejante historia a sus hombros, Pedro Velázquez y Leandro Bassano dan todo de sí mismos para brindar su talento en cuerpo y voz complementándose de forma impecable. El personaje de Bassano posee muchos matices, podemos ver grandes diferencias en su personalidad en distintos tramos de la obra, pero siempre su forma de actuar se ve controlada por Richard, producto de la obsesión con él. Más allá de su locura, es un personaje que provoca cierta empatía en el público debido a mostrarse como una víctima ante el control de ese superhombre que lo obliga a realizar hasta lo inimaginable. Velázquez compone a un hombre totalmente frío y descarado, que utiliza ese poder que tiene sobre Nathan para jugar con él y utilizarlo para cumplir sus más repugnantes fantasías. Su personaje denota una fortaleza dominada por el egoísmo pero no llega a perdurar ya que en un momento ese personaje despreciable tiene su quiebre y aceptación de la realidad. Ambos personajes están muy bien delimitados en sus aspectos particulares, la química entre ambos es excelente, tanto en los momentos “felices” como en los de mayor tensión dejando que el público se acerque a la más pura intimidad de Nathan y Richard.

El pacto es una impecable pieza artística que nos muestra un relato fuerte y crudo, donde la obsesión y la locura llevan hasta el límite de lo humano a estas dos personas que llevan una relación enfermiza. Es una obra excelente desde la dramaturgia, escenografía, música y los artistas que componen a estos superhombres que harán del público testigo de este delicioso crimen musical.

Ficha técnica:

Adaptación y traducción: Marcelo Kotliar

Autor: Stephen Dolginoff

Elenco: Leandro Bassano, Gaspar Scabuzzo, Pedro Velazquez

Diseño de escenografía y vestuario: Tatiana Mladineo & Luli Peralta Bo

Diseño de sonido: Eugenio Mellano Lanfranco

Diseño gráfico & Community Management: Matías Gordon

Asistente de dirección: Christian Cimmienlli

Prensa: WePrensa & Comunicación

Producción General: Laura Casadiego & Matías Baraviera

Diseño de iluminación: Gonzalo González

Diseño de coreografía: Gustavo Wons

Dirección vocal: Katie Viqueira

Dirección general: Diego Ezequiel Ávalos

Daniel Alvarez

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