Crítica: El show de Truman

Peter Weir dirige la cinta El show de Truman, una película estrenada en 1998 y producida por Paramount Pictures y Scott Rudin Productions. Jim Carrey es el fantástico protagonista de esta historia en la que se nos muestra un mundo controlado e imaginario.

La historia cuenta la vida de Truman Burbank, un hombre que vive su rutina del día a día con total normalidad. Sin embargo, empieza a notar cosas extrañas a su alrededor que le hacen dudar de la existencia de su mundo real.

Crítica

¿Cómo reaccionarías si todo lo que sucede a tu alrededor está controlado por alguien que decide todo lo que haces en tu vida? Pues esa es la trama de esta película maravillosa y a la vez, desconcertante. Es un personaje que lo tiene todo para ser feliz, pero cualquier exceso de improvisación en su vida entorpece el controlado mundo real en el que vive.

Una historia para un solo personaje principal pero que contiene un abánico extraordinario de necesidades de producción para llevar a cabo el rodaje. Es como filmar una película dentro de una película, pero de las que están bien hechas realmente.

El guion es excepcional y la interpretación de Jim Carrey es de sobresaliente. Habituado a hacer comedia, tiene algunos rasgos gestuales característicos que hacen que el lenguaje no verbal demuestre lo necesario para hacernos reír, llorar o simplemente, sentir empatía.

Muchos de los vecinos de Seahaven, la ciudad donde vive Truman, trabajan bajo las órdenes del director del programa de El show de Truman, y los que no, viven viendo la vida de nuestro protagonista.

No puedo evitar comentar los valores sobre los que deja una notable reflexión como la falsedad, la confianza o el amor. ¿Es posible hacerse amigo de alguien mintiendo toda la vida? ¿Se puede decir que quieres estar con alguien a quien no quieres de verdad? Realmente no estamos tan lejos de la realidad. Existen personas de este tipo, personas tóxicas las denomino yo, y aquí en cierto modo podemos ver que existen aunque de una forma exagerada, pero ojo, existen.

Una cosa que me ha dejado pensando en la lógica de la película es, si toda la gente estaba al tanto de la vida de Truman por televisión, ¿por qué se alegran cuando está intentando salir del mundo inventado? E aquí la muestra de que la empatía, también existe.

El show de Truman te convierte en un espectador interesado y observador en los detalles de la trama y de los planos, y también admite la reflexión a determinadas conductas de comportamiento.

Nota: 10/10 

Ana García

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