Crítica: En el columpio

| BUENOS AIRES |

Desde hace unas décadas, en el cine y en el teatro argentinos hay un auge de historias mínimas que tienen como locación y protagonista a un pueblo rural, como En el columpio de Micaela Fariña.

en-el-columpioLa sala del teatro El Estepario nos recibe con una gran infraestructura de hierro con dos hamacas en constante movimiento, realizada por Elmo Gustavo Picasso.

Marita (Catalina Collardin), Rubén (Gastón Filgueira Oria) y Nelly (Viviana Ghizzoni) son quienes le darán vida, alrededor de la plaza, al pueblo de Berreta, perteneciente a la provincia de Santa Fe. Las posibilidades del blanco sobre el negro expanden el escenario singularmente; gracias al uso de la tiza sobre el suelo, los muebles y las paredes, se estimula la imaginación de los espectadores como pocas veces ocurre en una puesta en escena.

Los personajes envejecen a medida que transcurre la obra, pero no porque pase el tiempo de forma significativa sino porque cada vez adoptan más actitudes de ancianos, de quienes le temen a la muerte. El conflicto se asocia con la revelación de la posibilidad de vivir y de las diferentes acepciones que las mujeres hacen de ese verbo: Marita prefiere “habitar en un sitio” mientras que Nelly busca “tener una experiencia significativa”. A medio camino de ambas posturas, Rubén debe tomar una decisión: si quedarse o irse del pueblo que se extingue lentamente.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Micaela Fariña

Actúan: Catalina Collardin, Gaston Filgueira Oria, Viviana Ghizzoni

Vestuario: Wanda Siri

Escenografía: Lucila Rojo

Diseño de luces: David Seiras

Realización De Herrería: Elmo Gustavo Picasso

Fotografía: Antonela Peccorelli

Diseño gráfico: Bárbara Delfino

Asesoramiento musical: Charly Valerio

Asistencia de dirección: Pato Fabian

Prensa: Boca En Boca

Dirección: Micaela Fariña

Lara Salinas

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