Crítica: Kitchen

| BUENOS AIRES |

Asistimos a la última función de la primera temporada de Kitchen, la tercera puesta en escena de Marcos Moiseeff después de Memorias del consuelo (2014) y Todo super (2013).

????????????????????????????????????La escenografía habla por sí misma. Bajo la luz tenue, nos reciben dos hombres en escena que nos clavan la mirada con reproche silencioso y que, de la misma manera, se miran entre ellos. La seriedad y la persistencia con la que nos observan hacen que sea difícil mantener contacto visual con ellos. Para evadir la incomodidad que adrede nos provocan, hablamos entre nosotros mientras esperamos que las luces nos vuelvan invisibles o prestamos atención a otros elementos de la escena, como la música o la escenografía, con la que se representa un ambiente algo corroído por el tiempo.

Es curioso: todos los muebles y las paredes son opacos y celestes. Un color que, se piensa, es muchas veces elegido para decorar una habitación por ser uno de los más alegres y que, sin embargo, cuando pasa el tiempo se desgasta, pierde intensidad y se vuelve mortecino. Distribuidos sobre los estantes, algunos utensilios de cocina y adornos descascarados en la gama del rojo esperan en vano ser utilizados alguna vez durante la función. Nos da la sensación de que los tonos fríos de los colores y la luz exaltan la tensión entre los dos hombres que siguen sin decir una palabra y, por eso, esta puesta en escena es, desde el comienzo, tan provocadora.

Los reproches se verbalizan durante la primera parte de la función. Sin embargo, entre ellos cierta ternura se deja entrever y por eso se incrementa nuestro interés por conocer a estos personajes que son caracterizados por Esteban Fiocca y Mariano Bicain. El talento con el que transmiten su sensibilidad creativa y dan vida a esos hombres nos mantiene atentos a cada uno de los gestos que hacen con la boca, a las miradas fulminantes que se lanzan, y nos hace interesarnos profundamente en la conversación que comparten y también en aquello que no se dicen, en las indirectas. Nos hacen sonreír.

Otro de los recursos que hace interesante a Kitchen es la fragmentación espacio-temporal, que está muy bien lograda por el director Juan Bautista Carreras y su equipo. Es destacable cómo únicamente con los actores en escena se generan distintos escenarios y personajes, retrocesos y saltos en el tiempo.

En un momento, la tempestad a la que había sido lanzado el público al comienzo de la función, se apacigua. El común conocimiento de una mala noticia, con frecuencia, da tregua a los conflictos entre personas que se aman por más graves que sean los problemas vinculares entre ellos.

Por último, queremos destacar que Kitchen es interesante porque plantea la dificultad vincular de una pareja al borde de la ruptura y el amor como lealtad frente a las adversidades. Sin embargo, es controversial que se haga explícito el ejercicio de la violencia física en episodios aislados, que no inciden directamente en la trama ni tienen consecuencia en la relación de pareja. En nuestra humilde opinión, estos sucesos pueden ser mejor tratados en la segunda temporada teatral, que esperamos sea pronto.

Ficha Técnica:

Autor: Marcos Moiseeff

Actores: Esteban Fiocca y Mariano Bicain

Escenografía y vestuario: Julia Di Blassi y Gisella Ranieri

Dirección: Juan Bautista Carreras

Lara Salinas

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