Crítica: La maestra serial

la-maestra-serial-fotografia-claudio-larrea1Mientras da declaración en la comisaría, una mujer intenta humillar a su interlocutor para exhortarlo al aprendizaje. La soberbia con la que le habla es propia de una maestra tradicional, tan estricta como cada uno de nosotros puede llegar a imaginársela. Lo absurdo es que se trata de un unipersonal… por lo tanto, su enseñanza no recae en otro cuerpo presente, sino en uno al que ella le da vida por medio de las palabras.

La maestra serial, la pieza teatral escrita por Gonzalo Demaría es, por demás, hilarante. La docente habla con tanta saña y convicción que nos da la sensación de estar en una clase en la cual se nos está retando porque no estudiamos. Es tal su maestría que ella es capaz de utilizar textos españoles del medievo para educar a un cartonero y fragmentos de literatura de Sarmiento para exhortar a “un travesti” (como le dice lejos de cualquier consideración de la identidad de género o de otros sistemas de valores que no sean los suyos). Los espectadores nos sentimos interpelados más allá de que nos da risa la ideología de antaño que sostiene con respecto a la educación y que las lleva hasta las últimas consecuencias, el motivo por el cual está prestando declaración. Por otro lado, entendemos que su furia tiene un fundamento: no está tan equivocada en algunas observaciones que hace con respecto a la educación contemporánea en Buenos Aires.

Más allá de las palabras, se trata de una clase magistral de dirección teatral. Con gestos y elementos exagerados, como el movimiento de las manos, el tamaño de la escarapela y el recogido altísimo del cabello, el director y la actriz lograron que, a pesar de los elementos grotescos, el personaje exceda la parodia de una docente de la escuela tradicional. Además, la maestra se mueve de incontables maneras por el escenario, más profundo que ancho, y es acompañada por diferentes luces y la misma disposición de la escenografía, que en esta temporada teatral (la cuarta en la que La maestra serial está en cartelera) consta únicamente de sillas y una mesa pequeña con un vaso de agua al fondo.

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El trabajo sobre la voz de Lucila Gandolfo es sorprendente. El tono vocal que utiliza y mantiene durante toda la puesta en escena nos da escalofríos, como si hubiera salido de una pesadilla de nuestra infancia. El cuerpo escultural de la actriz y el ruido seco que generan sus pisadas seguras, más allá del guión, configuran a una maestra con el poder suficiente para intimidarnos y, a la vez, hacernos reír a carcajadas.

Ficha técnica

Dramaturgia: Gonzalo Demaría

Elenco: Lucila Gandolfo

Vestuario: Sofía Di Nunzio

Escenografía: Gonzalo Córdova

Música: Hernán Vives

Fotografía: Claudio Larrea

Producción: Miguel Granado

Dirección: Martín Blanco

Funciones: miércoles 21 hs en el Teatro:La carpintería (Jean Jaures 858).

Fotografía: Claudio Larrea

Lara Salinas

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