Crítica: Lo tuyo y tú

| MADRID |

“Renovarse o morir”

¿Quién dice que no podemos ser varias personas a la vez? Todo depende de la destreza interpretativa que domines, pero también de tu afán por huir constantemente de uno mismo. De uno mismo o de la controladora posesión del otro; en ello incurre Minjung (Lee Yoo-Young), la protagonista de la nueva cinta del director surcoreano Hong Sangsoo, una mujer que deambula entre dos adicciones muy sutiles de serles armas de dobles filos. Su innegable obsesión a la bebida acompañada de sus trastornos de personalidad intencionados con los que juega a divagar entre diferentes personajes trae a su novio, Youngsoo (Kim Joo-Hyuck) por la calle de la amargura. Enfrentándose a lo que quiere – a ella – y al qué dirán del resto el director nos propone un paisaje sociológico a análisis donde nada es lo que parece siendo todo tan cierto como inocuo. Una mujer adicta al alcohol y a hablar con hombres desconocidos como punto de mira dentro de la trama; para nuestra reflexión, la cuestión de si ella es libre y responsable de sus actos sin necesidad de la mano purificadora de su pareja, quien lucha por mantenerse en su posición de respeto pese a la mala fama de su chica.

 

lo tuyo y tu

Youngsoo le ruega que cambie, pero ¿quiénes somos nosotros para pedirle al otro que deje de ser quien es? Desde luego, Minjung se empeña en ser muchas a la vez, quizá para no ser ella misma, tal vez como reivindicación para no ser lo que la sociedad quiere que sea; convencional. Una mujer que no suscite comentarios. Porque es a ella a quien se le juzga en todo momento, pero no a los hombres que beben a su lado, arrimados en conversaciones insípidas con la finalidad única de probar suerte por si unas cervezas más tarde suena la campana. Lo que le queda a ella es el virtuosismo hedonista de renovarse o morir. También a él, si no quiere perderla.

Más allá de la perspectiva patriarcal con la que aboga el director dibujar el paisanaje de la realidad a la que pertenece, Sangsoo también invita a vernos a nosotros mismos como seres participantes en las relaciones interpersonales, especialmente en las amorosas, que sin ser homogéneas son complejas por naturaleza. El choque de ellos dos entre lo que quieren – ella ser libre, él tener una relación que no de qué hablar, dos objetivos distintos pincelados por dos defectos – el desequilibrio mental de ella, la importancia que él le otorga a la opinión ajena. Todo ello hace que pensemos en si estamos capacitados para amar sin más, con nuestros defectos, con nuestras personalidades y sus trastornos.

El director nos sugiere este ambiente reconciliador y humanista, con una pasividad desesperante en planos estáticos de hasta diez minutos de duración, pero que sin duda consiguen alcanzar el naturalismo con el que desea tratar las preocupaciones planteadas, entre espacios tan privados como una cama y tan determinantes como un bar. Y toques de humor, porque relacionarnos consiste en aceptarnos a nosotros mismos y para ello nada mejor que reírse.

Nela Linares Antequera

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