Crítica: Los que amar mejor sepan

| BUENOS AIRES |

La semana pasada tuve el agrado de asistir a la “última función” de esta desopilante obra en la que, perdidos en una isla desierta, una intrincada red de amores y desamores shakespeareanos naufraga entre la realización, la desazón, la locura y el abatimiento. Una comedia de situación en la que ningún corazón saldrá de la sala sin sentirse tocado.

000146152

Al ingresar a la sala la oscuridad nos abraza tal cual el mar lo haría en una noche de tormenta. Allí de frente los náufragos se iluminan a la luz de un rayo que atraviesa el cielo mientras ellos entregados a las aguas se dejan llevar por lo que el destino les depara. Una vez que la tormenta descargó toda su furia la luz se enciende permitiéndonos ver el inicio del fin: cada mirada, cada palabra, cada intercambio entre lo que los personajes sienten entre ellos se va develando mientras las tareas se dividen para que la vida en la isla siga siendo eso, vida.

Es así como nos encontramos con desamores que motivados por los celos se embarcaron para estar cerca el uno del otro por más de querer estar a mil millas entre sí de la boca para afuera. De ese desamor surge por un lado una nueva historia de romance que escribe poemas en hojas de árboles mientras del otro lado la lectura correcta de las cartas del tarot vaticina lo que se sabía y lo que se sabrá, que la tragedia estaba anunciada y que los corazones quizás no lo puedan del todo asimilar. Nos encontramos con la prueba cabal de que los que se pelean se aman, con el surgimiento de un nuevo e inesperado amor, y de cómo todo esto se puede perder por culpa de un hechizo para brindarle amor de más a la persona menos esperada. Un amor perdido (¿en dónde estarás oh Antonio?) alimentado por anhelos de reencuentro y el egoísmo material simentado en la mentira. No podía faltar una boda entre ella, la que nunca iba a amar, y él, el que nunca debía ser amado.

Entregados todos a lo que el destino les depara, más allá de los cruces entre las distintas historias aquí planteadas, sólo las palabras de La Señorita V podrán poner a cada uno en su sitio.

En Los que amar mejor sepan estamos frente a una obra que respira aires de juventud, tanto entre el elenco como en el planteo de la puesta en escena. Las entradas y salidas de personajes son vertiginosas, los actores no solo se apoderan del escenario sino que también lo hacen de toda la sala en general, cuando irrumpen de sorpresa al lado de los espectadores sorprendidos que aún así no pueden controlar sus risas. Es de destacar que cada personificación estuviera signada por algún estereotipo o marca que lo hiciera distinguirse del resto, a lo que el vestuario y los acentos implementados para llevar a cabo el habla lo enfocaran aún más.

Realmente se hace muy amena la obra que el final, no por sorpresivo pero sí por ser un final en sí, nos arremete con fiereza. Es imposible distinguir el paso del tiempo lo cual es muy bueno para una obra que ronda los 90 minutos. Es de destacar la escenografía en la que un barco encallado hace las veces de barco (valga la redundancia), de balcón, de piedra, de refugio y de todo lo que la obra escrita necesita. También funciona como escondite de los muchos elementos utilizados durante el transcurso de la función: arcos y flechas, troncos, papeles, piedras entre otros destacan entre escena y escena logrando crear el clima ideal ya sea para un bosque o una playa, la noche o el día que nace.

En cuanto a la puesta lumínica y sonora hay que hacer notar que sigue el ritmo de la obra tanto como también lo guía. La sincronización entre las luces para diferenciar cada escena de la otra al igual que cada situación dentro de la misma escena es de una práctica que no en cualquier obra de estas características se suele encontrar. Cabe la misma aclaración para la música y los efectos de sonido: todo en su justo lugar, aporta a la obra dinamismo, velocidad, ritmo y consistencia.

Los que amar mejor sepan es el remate de una profecía desparramada en fragmentos repartidos entre las historias aquí narradas. Es el amor pidiendo ser amado de verdad. Por más gracia que generen las situaciones la amargura se esconde entre aquellos personajes que hacen del amor un juego, un recuerdo penoso, una piedra en el zapato o un naufragio en la vida.

Ficha técnico artística:

Autoría: Recalculando Teatro
Dramaturgia: Gabriela Capurro, Paola Eugenia Cerolini, Ludmila Chele, Martina Cuadrado, Sofía Donzis, Vicky Lagos, Florencia Ravioli, Sol Rieznik Aguiar, Martín Savo
Actúan: Cristian Bernal Niño, Elián Boren, Gabriela Capurro, Paola Eugenia Cerolini, Ludmila Chele, Martina Cuadrado, Sofía Donzis, Matias Montenegro, Florencia Ravioli, Sol Rieznik Aguiar, Gonzalo Rivarola
Vestuario: Mariela Aracena, Ana Villegas Mariñas
Escenografía: Sol Alonso, Mariela Aracena, Ana Villegas Mariñas
Diseño de luces: Santiago Lozano
Música original: Hernan Suarez
Fotografía: Lesman Niño
Diseñográfico: Cristian Bernal Niño, Lesman Niño
Dirección: Vicky Lagos, Martín Savo

Emmanuel Balbuena

Deja un comentario