Crítica: Mi obra maestra

El mismo equipo que trajo a las pantallas el reconocido film El ciudadano ilustre, cuya repercusión fue notoria tanto en festivales como en su recorrido comercial, nos brinda hoy Mi obra maestra, película protagonizada por Guillermo Francella y Luis Brandoni. Llevada a cabo como una comedia con humor negro y satírico, nos presenta una historia sobre el mundo de las artes visuales, sobre la intimidad de un negocio que mueve millones. De este modo, un pintor en decadencia y un galerista exitoso, nos relatan su historia de amistad con todos sus altibajos.

Es interesante la forma en que se plantea el mundo artístico donde se mueve la historia, resultando un lugar que cambia constantemente según la época y las tendencias. Un día puedes ser un artista aclamado por todos y al otro, solamente te encuentras en el olvido. El personaje de Luis Brandoni habla sobre ello, sobre el olvido y la decadencia. En un tiempo había sido un pintor exitoso, con una vida también feliz, los tiempos cambian y parece estar enojado con la vida, la única persona que tiene cerca es el galerista encarnado por Guillermo Francella, con quien lleva una amistad casi inquebrantable, a pesar de las acciones de este frustrado artista. La película se mete con los límites, en aquellos momentos en que son superados y uno debe afrontarlo como puede o morir en el intento.

La película funciona muy bien como una comedia que crítica a la sociedad, al mundo artístico y la cruda realidad que estos pueden llegar a sufrir ante el olvido. También hay un espacio para hablar sobre el tema de la eutanasia, si bien es uno de los aspectos más flojos en su desarrollo, pero es lo que le da pie a uno de los momentos más desopilantes de la película. Su guión, a cargo de Andrés Duprat (hermano del director) se muestra ágil, cómico e interesante a partir de su conocimiento sobre el mundo de las artes visuales. Cabe aclarar que el guionista actualmente es el director del Museo de Bellas Artes de la Ciudad de Buenos Aires.

Su director Gastón Duprat logra superar un importante desafío, tener una historia que alcance las expectativas generadas luego de El ciudadano ilustre y presentar una película más potente, quizá a nivel técnico y comercial. Su resultado es una cinta que sigue siendo fiel a su estilo, con grandes actuaciones y una excelente factura técnica, destacada por sus locaciones y paisajes en el norte del Argentina.

La química que existe entre Francella y Brandoni es inmejorable, quizá es el primero quién queda mejor parado con una interpretación sólida. Ambos son fieles a sus principios y a su amistad, a pesar de los errores. Los dos actores sacan provecho de sus facultades y de su efectivo guión.

Mi obra maestra es una gran propuesta de nuestro cine argentino, llevada a cabo por el equipo que trajo la aclamada El ciudadano ilustre. Dejando una historia muy entretenida, marcada por un humor negro y satírico. Grandes actuaciones y un gran guión que forman parte de este recomendable film que llegará pronto a los cines del país.

Calificación 8/10

Daniel Alvarez

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