Crítica: Rocky Balboa (2006)

| MADRID |

Rocky Balboa (Rocky VI), nombre que da título a la sexta entrega de la saga escrita por Sylvester Stallone, ha superado enormemente a la cinta anterior, que fue en mi opinión, una historia sin acierto. De hecho, según ha dicho Stallone, realizó esta sexta parte porque no estaba satisfecho con el final de Rocky V.

Rocky_Balboa_Rocky_VI

En esta entrega de la saga la película vuelve a sus orígenes, en el sentido de que retoma su género dramático – y en algún punto comedia – a pesar de estar construida sobre el deporte del boxeo. Vemos a un boxeador que lleva más de 15 años jubilado, que ha perdido a su esposa y que tiene un hijo que parece sentirse opacado por él.

Todo lo que vivió con Adrian lo vuelve a revivir en todo momento, ya que sigue viviendo en su antiguo barrio de Filadelfia. La tienda donde trabajaba ella, la casa en donde vivía él y la invitó a pasar por primera vez, la pista de patinaje ya destruida… Todo el barrio le recuerda a ella. Se siente infeliz y desea hacer algo para que eso cambie. La solución está en volver al ring, de forma más local, define Balboa.

Mason Dixon, el actual campeón del mundo del boxeo, sigue teniendo rivales que no duran más de dos asaltos y el público considera que es porque no boxea contra luchadores de su nivel. Para volver a conseguir el respeto y admiración, se consigue formalizar una exhibición de Mason contra Balboa en Las Vegas.

La película está muy bien contada, porque este combate no se decide hasta la mitad de la trama o más, sino que la mayor parte de la cinta trata de esa melancolía que siente El Potro Italiano. Una de las escenas que más me gusta es cuando se reencuentra con un personaje de la primera cinta, que no voy a revelar quién es, para los curiosos.

El combate final al que nos ha acostumbrado Stallone con esta saga, se diferencia de otros en el montaje de fotografía, donde aparte de seguir usando la steady cam, se han mezclado grabaciones en color con algunas en blanco y negro; momentos del presente con fotografías o flashbacks de las cintas anteriores y siempre unidas a la voz en off característica de cada personaje que aparece en pantalla, como el es caso de Mickey o Adrian.

El resultado del combate es una victoria para Mason, pero habiendo aguantado ambos los diez asaltos. Y Balboa se despide del público mientras lo aclaman gritando su nombre.

Algunos datos curiosos de esta entrega es que Stallone decidió grabar primero la sesión de combate con Antonio Tarver (Mason Dixon) porque tenía una mejor condición física y después podría centrarse en el rodaje, de hecho para las escenas de su vida cotidiana en su antiguo barrio había engordado. Tan solo todo el rodaje de la película se grabó durante 38 días.

Ana García 

 

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