Entrevista con Belén Arena y Fiorella Álvarez de Mis días sin Victoria

| BUENOS AIRES |

Crítica

Mis días sin Victoria tiene lugar en la antigua capilla del Centro Cultural Recoleta, refaccionada como sala teatral. “¿Vieron esos ángeles del techo? Podríamos ser Victoria y yo –bromea Belén Arena (directora y performer de la puesta en escena)–. Incluso uno de ellos se sostiene el pecho, como si le hubieran clavado un puñal”. Toda la obra se desarrolla a partir de la herida de Belén por un desamor que la sumergió en una profunda depresión. Los pensamientos que la atosigaban en ese tiempo se plasmaron en un diario íntimo y parte de su contenido inspiró esta performance.

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La puesta en escena se construye a partir de la frustración por un amor no correspondido, pero no se trata del mero relato de un duelo afectivo. La propuesta de Belén Arena parte del sufrimiento por haberse enamorado de una bailarina heterosexual, representada por Fiorella Álvarez, pero desemboca en diferentes aspectos en su vida en los que tampoco tuvo victoria. Ofrece un espectáculo impredecible que exige un público dispuesto a ser interpelado, mirado a los ojos, y que adapte su percepción a la exposición sincera de las miserias de Belén y a la autenticidad de las pasiones en escena. Porque si algo caracteriza a esta puesta es que es pasional. Abundan los momentos de tensión erótica, pero la pasión se desliza más allá de ella: a la danza y a los movimientos rítmicos, a los monólogos y diálogos que, en realidad, son solo el intercambio de una mirada helada o de un beso y nada más.

A pesar de la temática entristecedora, la obra no cae en el lugar común de la autoconmiseración y resulta muy entretenida y divertida por momentos. También, uno como espectador se siente agasajado, por ejemplo cuando lo invitan con una copa de vino y música en vivo. Soledad Jordan, Jazmín Levitán y María Florencia Tangel son las encargadas del repertorio musical y deleitan con algunas baladas como Quizás, quizás, quizás de Eydie Gormé y de una versión melódica sumamente dulce del cuarteto Piensa en mí de Jean Carlos. Se genera un ambiente distendido e íntimo a pesar de que la sala tiene un espacio extenso.

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Vale la pena destacar que es una obra que se caracteriza por tener una disposición escénica particular. El público se sienta en gradas sobre el escenario y el espacio de representación se extiende del proscenio a las butacas, continúa a la cabina de los técnicos y hasta el espacio del coro en los cuales las danzas y los movimientos más sutiles adquieren una potencia extraordinaria.

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Por esta obra, Belén y su elenco recibieron un subsidio del Instituto para el Fomento de la Actividad de la Danza no Oficial del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y fue seleccionada por el Centro Cultura Recoleta para participar del ciclo RADAR Escénicas que visibiliza y potencia el trabajo de los jóvenes creadores menores de 30 años.

Entrevista a Belén Arena y Fiorella Álvarez

Mis días sin Victoria es un diario que escribí para salvarme, de una obra que nunca hice porque me enamoré de la intérprete. Dos años después intento esta redención en forma de obra porque no puedo hacer otra cosa, porque si no estoy muerta. Invito al público a la escena para que me vean sola en las butacas, ofrezco mi cuerpo en el banquete que es la lectura viva de este diario, el relato de mi alma consumida por haber amado a Victoria, y la creencia absurda de que todo esto sería en pos del arte”. Con estas palabras, Belén Arena invita a presenciar esta obra de su autoría.

Asistimos al estreno y, después de la función, las performers que llevan adelante la puesta, Belén Arena y Fiorella Álvarez, se hicieron un espacio para conversar con Claqueteados. Les preguntamos si podíamos filmarlas y ellas accedieron sin inconvenientes. “¿Estoy bien?” le pregunta Belén a Fiorella mientras su compañera de elenco, adelantándose a la pregunta, le arregla algunos de los mechones cortos que le caen sobre la frente. La oreja derecha de Belén y los brazos de Fiorella están pintados de rojo, resabios de una de las escenas más conmovedoras de la función, en la que se envuelven en pintura durante una danza.

Anteriormente Belén había presentado esta puesta en escena en el Centro Cultural Matienzo, pero esta era la primera vez que lo hacía en el Centro Cultural Recoleta, destinada a un público masivo. Cuando les preguntamos qué impresión se llevaron del estreno en este nuevo espacio, Belén nos dijo que para ella suponía un desafío el no perder la cercanía con el espectador debido a la cantidad que asistió, en cuanto a la energía que debía poner para abarcarlos a todos y a la proyección de la voz dijo: “pero en lo personal no sabía cómo estaba yendo hasta el final que el público parecía muy conmovido, aplaudieron un montón, todo fue como muy cálido. Después se acercaron un montón de personas a hablarnos y al final comprobé que sigue teniendo esa cosa de experiencia íntima, personal, cercana. No se convirtió en una obra de teatro que era mi mayor miedo, que se convierta en teatro.

Acerca del carácter cercano de la puesta en escena, lo que atrae a los espectadores y los hace sentir como si conocieran a las performers, es la actitud de entrega total al público que tienen ella, como dice Fiorella: “nosotras ofrecemos todo. Lo damos todo y eso me parece que se re agradece. Yo como público cuando voy a ver una obra me convocan personas que hacen esa obra con amor. Y digo nosotras la hacemos desde ese lugar, desde el amor, la pasión, le damos todo, ofrecemos todo, vino, comida; como [diciendo]`vengan y siéntanse cómodos´. Me parece que desde ese lugar también pueden conectar con lo humano, con las personas que nosotras somos además de artistas, bailarinas o gente que está en escena, como algo más lejano, me parece que uno lo puede conectar desde un lugar más íntimo y eso me parece que convoca un montón al público; más que ir a ver una obra, es ir a compartir un momento desde un lugar artístico”.

Como se trata de una performance de temática lésbica, le preguntamos si ellas percibían cierta lesbofobia en el ambiente teatral e inmediatamente Belén nos contestó que no: “sí percibo un monopolio héteronormado, pero por una situación monopólica, como si fuera Disney. Antes estaba el monopolio de Disney (bueno, y ahora también); pero no creo que sea desde un lugar de lesbofobia, sino desde una instalación comercial y cultural muy fuerte”. Fiorella, la más menuda de cuerpo de las dos, agrega que para romper con los estereotipos que incorporamos gracias a varios dispositivos culturales como Disney: “nosotras hacemos una escena en la que yo la muevo a ella como si fuera el príncipe y rompemos con ese rol de género que está re impuesto. Pero me parece que en el ámbito [en el teatro comercial], en general, no se piensa anteriormente cómo el público lo va a ver, qué se va a trasmitir, qué mensaje le va a dar”. Al respecto, Belén había dicho: “me pregunto qué pasaría si yo llevara esta obra a calle Corrientes, al teatro comercial. Por ahí tendría otra percepción. Pero en el ambiente donde nos manejamos, lo autogestivo, lo que antes se conocía como under, lesbofobia, no. De hecho es a lo que más apostamos para llegar nosotras: lo marginal, lo lésbico. En el teatro comercial no veo ni una sola obra que sea así. A mí me obsesiona mirar la cartelera; no hay obras de esta temática, con este tratamiento, con esta propuesta”.

En nuestra generación, la de quienes crecimos en los años noventa, moldeada a imagen y semejanza de los cuerpos y asignaciones de los roles y comportamientos sexuales que aprendimos de las películas de Disney, la puesta en escena se presenta como una propuesta liberadora de los estereotipos. De esta manera, Belén y Fiorella ponen de manifiesto un nuevo concepto teatral que parte de la explicitación del carácter polimórfico del amor a la entrega total del artista a los espectadores en pos de generar una auténtica intimidad y un lenguaje común con ellos.

Ficha técnica

Texto y dirección: Belén Arena
Performers: Belén Arena, Fiorella Álvarez, Gabriela de León Speranza, Manuela Suárez Poch, Fernando Xavier Ibarra
Boleristas: Soledad Jordan, Jazmín Levitán y María Florencia Tangel
Asistente de dirección: Manuela Suárez Poch
Supervisión artística: Marina Quesada
Diseño de iluminación: Matías Kedak
Diseño y realización de escenografía: Cecilia Font Nine
Diseño gráfico: Pablo Viacava
Fotos: Matías Kedak
Producción: Azul Masseilot y María Paula Lonegro

Funciones los jueves y viernes 21 hs en el Centro Cultural Recoleta.

Lara Salinas

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