La Causa Justa, y una noche en el Espacio Lavallén

| BUENOS AIRES |

Sinopsis:

“Pa02rtiendo de la historia de Nal, el arquero culón, personaje arquetípico que es a veces capaz de dejar de serlo, este cuento legendario de Osvaldo Lamborghini nos introduce en las peripecias de Tokuro, un ingeniero japonés a la búsqueda del honor perdido en Argentina, ‘La Gran Llanura de los Chistes’. La época son los años ochenta: La Guerra de Malvinas”.

El pasado sábado tuve la oportunidad de presentarme por primera vez en el Espacio Lavallén -lugar sobre el que había oído pero nunca tuve la oportunidad de visitar- para ver La Causa Justa. Al llegar allí mi experiencia fue primero confusa, luego grata. No había grandes manifestaciones como las de fuera de un teatro, ni carteleras, boleterías, luces o grandes símbolos… solo una puerta común y corriente, que no se diferenciaba de sus vecinas en la calle Solís, excepto por una pequeña indicación detectada tras las cortinas de la obra que iba a transcurrir adentro, y a la que se refiere este texto.

Luego de tocar timbre y ser invitado arriba, mi fugaz sensación de incertidumbre cambió completamente. El espacio presentaba una serie de habitaciones contiguas, claramente dispuestas para establecer galerías de arte plástico, la presentación de obras de teatro y exposiciones de cine, de manera muy amena y austera, sobre un piso más elevado, que ahora daba fuertemente a la calle de donde yo provenía. Repisas cubrían los extremos de las habitaciones, donde claramente se guardaban cuidadosamente aquellas pinturas que no estaban en exhibición, acompañando a las que esa noche se encontraban expuestas. Para complementarlo todo, fui invitado a sentarme a la mesa donde el espacio ofrece a sus espectadores la posibilidad de una cena antes o después del espectáculo. Poco a poco el timbre volvía a sonar, y el Lavallén se comenzó a llenar de gente, algunos de pie, otros que cenarían sobre las mesas y otros de pie, conformando lo que por momentos parecía una subcultura de amantes del espacio y/o el teatro, expectantes del inicio de la obra que fueron a presenciar.

Finalmente fuimos invitados tras las cortinas donde se realizaban todas las representaciones: donde el clima ameno del Lavallén se contrastó con la chocante propuesta presentada en La Causa Justa, y no lo digo en un mal sentido. La pieza se presenta como un unipersonal o una performance (vale aclarar que algunos discuten si los dos previos conceptos son sinónimos o se diferencian), en la que el actor Mariano Bassi se encuentra solo en el escenario e interpreta, al menos, seis personajes distintos, además del narrador de la historia. Este es un primer punto a subrayar, el desempeño de Bassi, es llamativo su rápido cambio entre personajes, y su consistencia al hacerlo es realmente lo que lo destacan; además de su capacidad física para ejecutar movimientos que provocan tales variaciones, manteniendo al público atento e inmerso en lo que hace y describe, volviéndolo real, incluso en el espacio reducido que ofrece la habitación. Para lograr esto, también es válido destacar el trabajo de Tomás Graziano, al sincronizarse con el actor para la iluminación, efectos y banda sonora.

El argumento en cuestión es una traslación a la dramaturgia del cuento homónimo de Osvaldo Lamborghini, quien, en su época (La Causa Justa es de 1982), se animó a parodiar y satirizar sobre prácticas sociales argentinas que muchos prefieren ignorar, como la perpetuación de la violencia verbal, que se presenta a un paso de la física. Es así que la obra presenta una comedia negra y de temas fuertes para los que no estén acostumbrados, rompiendo convenciones y llevando al espectador de momentos risa de una comedia simple, a momentos chocantes de comedia por la situación aberrante en la que se encuentran los personajes. Por momentos uno se encuentra riendo en contextos que cotidianamente se presentarían como impensables, pero con los que la obra sorprende, llena de momentos muy explícitos, de sexo y muerte. De esta manera, la obra cuenta una historia relativamente corta, pero repleta de detalles en los cuales el espectador puede ahondar, en un período de apenas sesenta minutos.

Muy recomendable, solo para aquellos de mente abierta, no apegados a la narrativa tradicional, los que dejan sorprenderse por la naturaleza de una obra basada en el cuento mencionado, y que termina dejando una fuerte reflexión (para bien o para mal) de la sociedad argentina (de la “argentinidad” si se quiere), a través de la subjetividad de un personaje extranjero, quien se despide hablando de nuestra tierra como “La Gran Llanura de los Chistes”: donde las bromas terminan con muertos”.

La obra se estuvo presentando allí (Solís 1125) los sábados a las 21 durante Enero y Febrero y desde el 16/3 lo hará también los jueves a las 21 hs. en Espacio Lavallén.

Ficha Técnica:

Dramaturgia: Mariano Bassi y Cristian Palacios

Actúa: Mariano Bassi

Vestuario: Natalia Alayón Bustamante

Diseño Lumínico: Javier Vázquez

Asistencia de Dirección: Tomás Graziano

Dirección: Cristian Palacios

Producción: Compañía Nacional de Fósforos y Eterna Compañía

Prensa y comunicación: Analía Cobas y Cecilia Dellatorre

Duración: 60 minutos

Leandro Melón

Un pensamiento en “La Causa Justa, y una noche en el Espacio Lavallén

  1. Papu, ¿quién discute si unipersonal y performance son sinónimos? ¿Podés dar nombres? Primera vez que lo escucho. Hay performances de 20 intérpretes, ¿serían unipersonales también?

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