La palabra y la cosa: de lo vulgar a lo sublime

| MADRID |

Puede resultar irónico quedarte sin palabras después de asistir a la dramatización sublime de un monólogo fruto de una de las ciencias más irresistibles del lenguaje; la sinonimia. Y es que no hay cosa que enriquezca más nuestro vocabulario que un amplio abanico de posibles términos para referirnos a una misma cosa. Los sinónimos nos salvan de lo horrible de la redundancia y nos someten a la más bella forma de burlar lo indecoroso. Por eso apelamos al eufemismo para evitar lo malsonante y nos escudamos en la semejanza para construir un sinfín de significantes para un mismo significado.

6-las-palabras-y-la-cosa

A este mundo nos transporta La palabras y la cosa. En un divertido juego con el lenguaje Ricard Borràs adapta al castellano la obra de Jean-Claude Carrière y la hace completamente suya. No es para menos si decimos que el tema que se trata en cuestión no es otro que la sinonimia en lo sexual, y en ello no hay otro idioma que competa mejor que el nuestro. Decimos “hacer el amor” o “follar”. Pasamos de la construcción romántica a la burda. Y entre medio, otorgamos el mismo sentido a todo verbo que se nos antoje capaz de irradiar similitud: empujar, hincar, meter. Los combinamos, creamos sintagmas nominales y expresiones dispares, hacemos de las palabras comodines infinitos, metáforas imposibles y alegorías atrevidas. Y aún así nos entendemos. Lo hacemos porque en lo irónico de la cuestión, somos expertos en hacer referencia de mil formas distintas a lo que probablemente más pudor nos cause.

Por ello, absténganse recatados. El espectador va a asistir a la enumeración interminable de términos para definir acto sexual y todo miembro físico y biológico que para ello se utilice. No somos conscientes de nuestra propia riqueza lingüística hasta que nos levantamos de la butaca y buscamos el comentario cómplice de nuestro acompañante. Necesitamos a toda consta reconocer que en apenas hora y media hemos ampliado más nuestro vocabulario sexual que habiéndose visto todos los programas de “Dos rombos”. Nos atrapa y rebusca en nuestra más susceptible apreciación. ¿A quién no le gusta hablar de sexo?

Sin embargo, no sólo se queda en tan suculento territorio. Dos actores para un monólogo que se apoya en el lenguaje de las correspondencias y una historia de reciprocidad entre ellos que traspasa el papel en el que se sostiene. La puesta en escena no quiere ser pretenciosa, más se apoya en lo cinematográfico, sin dejar atrás lo musical. Porque decirlo cantado puede antojársenos también como una variante de sinonimia. Es precisamente el baile combinado de estos elementos lo que nos salva de lo monótono, de lo que peca el texto y lo que para una finalidad tan concreta como enumerar palabras es inevitable caer.

Absténganse no curiosos. Porque La palabras y la cosa no sólo abarca lo sexual, sino los versos más divertidos y eróticos de nuestra literatura. El Arcipreste de Hita, Lope o el imprescindible en lo que a lo pícaro se refiere Quevedo. Ricard Borràs nos deleita con una búsqueda exhaustiva de las referencias poéticas más bellas de los autores castellanos que no pasaron por alto en sus obras tan necesaria ovación al placer.

No sé si puede decirse más alto, pero desde luego que no más claro. A eso nos enseña esta obra. A rebuscar en nuestras experiencias, a agudizar nuestro ingenio, a explorar los límites de lo semántico, a hacernos partícipes de lo más interesante de la nomenclatura sin olvidar que lo contingente son las palabras, pero que lo necesario para su existencia es la cosa.

Ficha técnica:

Dirección: Pep Anton Gómez
Intérpretes: Ricard Borràs y Elena Barbero
Adaptación al castellano: Ricard Borràs

Nela Linares

Deja un comentario